Obra

Statment:

Reflexiones sobre lo multidisciplinar en la creación contemporánea.

Las interrelaciones entre el arte y el diseño contemporáneo ofrecen, desde el punto de vista creativo, una estimulante variedad de posibilidades y lecturas. Mi trabajo surge tanto del análisis de esas posibilidades, como de la exploración de formas alternativas de creación en las que arte y mobiliario se confunden.

La intención no es, en ningún momento, equiparar ambas disciplinas. Soy perfectamente consciente de que tanto sus fundamentos como sus objetivos son diferentes. Lo que me interesa es analizar las posibilidades creativas de ambas en un contexto híbrido plagado de posibilidades.

 

Es en la confluencia de esa indefinición -en los límites entre el arte y el diseño- en la que surgen y se sitúan mis propuestas. Soy una especie de coleccionista de mobiliario abandonado o en desuso, que recupero y transformo, aportándole nuevos significados y usos. El resultado son piezas que, sin perder su “esencia” –esto es, la memoria que llevan implícita- me permiten establecer juegos formales y conceptuales en los que el espectador se implica decidiendo su función.

La ambigüedad juega un papel fundamental en este entramado de interrelaciones. Resulta evidente que, no sólo en lo formal, sino en cuanto a contenidos –en su voluntad de transmitir mensajes- encontramos analogías entre artistas y diseñadores contemporáneos. Ambos utilizan parecidos recursos y estrategias -la implicación social, la provocación, el humor, la transgresión, etc.- para transmitir mensajes.

 

Las lámparas que explotan de Ingo Maurer recuerdan poderosamente a las explosiones de Los Carpinteros. Otro tanto podríamos decir de la Mae West Tit de Studio Job y sus conexiones con ciertas provocaciones surrealistas. Y si alguien tenía dudas sobre la imposibilidad de implicación social de un mueble, sólo tiene que echarle un vistazo a la extraordinaria y compleja producción de los Hermanos Campana.

 

Vivir del arte es complejo. Pero tratar de reutilizar todo el potencial creativo que he almacenado y experimentado a lo largo de estos años de estudio, me parece una opción realista. No me importa cómo se considere mi trabajo. Muebles o arte “con mayúscula”. Tanto da. Aunque si me viese obligada a elegir optaría por aquella frase de Barr[1] que dice “que resulta más difícil –y mucho más útil- diseñar una silla de primera clase que pintar un cuadro de segundo orden”.

 

Dana Díaz Díaz

 

 

[1] H. Barr, Alfred, La definición del arte moderno, Ed Alianza Forma, Madrid, 1989, p. 109.